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Imagen destacada: Biodescontaminación de Áreas Limpias mediante Vapor de Peróxido de Hidrógeno (VPH)

Biodescontaminación de Áreas Limpias mediante Vapor de Peróxido de Hidrógeno (VPH)

En toda instalación donde se fabrican medicamentos estériles, productos biotecnológicos o dispositivos médicos, el control de la contaminación microbiológica forma parte de los procesos críticos. Aunque los programas de limpieza y desinfección rutinaria mantienen la carga microbiana bajo control durante la operación normal, existen situaciones en las que resulta necesario aplicar un tratamiento de descontaminación integral del ambiente. Es aquí donde la biodescontaminación mediante vapor de peróxido de hidrógeno (VPH) se ha convertido en una de las tecnologías más utilizadas a nivel mundial.

Su aplicación no se limita únicamente a salas limpias clasificadas. También se emplea en aisladores, esclusas de materiales, laboratorios de microbiología, liofilizadores, cabinas de bioseguridad, quirófanos y otras áreas donde una contaminación microbiológica puede comprometer la calidad del proceso, afectar un lote completo de producción o representar un riesgo para el paciente.

El principio de funcionamiento es relativamente simple, aunque detrás de él existe un importante desarrollo tecnológico. Un equipo genera vapor de peróxido de hidrógeno a partir de una solución acuosa concentrada y lo introduce de forma controlada dentro del recinto previamente sellado. Durante todo el proceso se regulan variables como la concentración de vapor, la temperatura, la humedad relativa y la circulación del aire para asegurar que el agente biocida alcance todas las superficies expuestas de manera uniforme.

A diferencia de una desinfección convencional, el objetivo no es únicamente limpiar las superficies visibles, sino lograr una reducción microbiológica validada en todo el volumen del recinto. Para ello es indispensable que el vapor se distribuya correctamente y permanezca el tiempo suficiente para ejercer su acción sobre los microorganismos presentes.

Gráfico del ciclo de biodescontaminación VPH: fases de gasificación, permanencia (dwell) y aireación

FIGURA 1: Etapas del ciclo de biodescontaminación por VPH

El efecto microbicida del peróxido de hidrógeno se basa en un mecanismo de oxidación extremadamente eficaz. Al descomponerse genera especies reactivas de oxígeno capaces de atacar simultáneamente distintos componentes esenciales de la célula. Las membranas pierden su integridad, numerosas proteínas quedan inactivadas por oxidación de sus grupos funcionales y los ácidos nucleicos sufren daños que impiden la replicación celular. La acción ocurre sobre múltiples estructuras al mismo tiempo, motivo por el cual no se describen mecanismos relevantes de resistencia comparables a los observados con determinados agentes antimicrobianos.

Esta característica explica su amplio espectro de actividad. El VPH es eficaz frente a bacterias Gram positivas y Gram negativas, levaduras, hongos, virus y, especialmente, frente a esporas bacterianas, consideradas una de las formas de resistencia biológica más elevadas. Por esta razón, durante las validaciones suelen emplearse indicadores biológicos con esporas de Geobacillus stearothermophilus, cuya resistencia permite demostrar la capacidad letal del proceso incluso en condiciones exigentes.

Curva de reducción logarítmica de esporas biológicas (indicador Geobacillus stearothermophilus) durante el ciclo VPH

FIGURA 2: Curva de muerte mediante biodescontaminación por VPH

Cuando un ciclo ha sido correctamente desarrollado y validado, es habitual alcanzar reducciones microbiológicas iguales o superiores a seis logaritmos (SAL 10-6), nivel ampliamente aceptado para procesos de biodescontaminación de ambientes críticos.

Sin embargo, la eficacia del proceso no depende exclusivamente del agente esterilizante. La experiencia demuestra que pequeñas variaciones en las condiciones ambientales pueden modificar significativamente el comportamiento del vapor. La temperatura, la humedad relativa inicial, la tasa de inyección, el volumen del recinto, la carga instalada e incluso la geometría de la sala influyen sobre la distribución del VPH y sobre la cantidad de microcondensación que se produce sobre las superficies. Por ello, cada instalación requiere un estudio específico que permita desarrollar un ciclo robusto y repetible.

Los modernos equipos de biodescontaminación incorporan sensores que monitorean permanentemente la concentración de peróxido y algoritmos que ajustan automáticamente la inyección para mantener las condiciones previamente definidas. Esta automatización mejora considerablemente la repetibilidad del proceso y facilita tanto la validación inicial como la documentación de rutina exigida por las normas GMP.

Desde el punto de vista operativo, el ciclo puede dividirse en cinco etapas bien diferenciadas. Inicialmente se acondiciona el recinto para estabilizar las condiciones ambientales. Luego comienza la inyección del vapor hasta alcanzar la concentración objetivo, seguida por una fase de distribución y saturación. Posteriormente se desarrolla el tiempo de permanencia o dwell time, durante el cual ocurre la inactivación microbiológica. Finalmente, el sistema pasa a la etapa de aireación.

La fase de aireación suele representar la mayor parte de la duración total del proceso. Durante esta etapa deja de incorporarse peróxido de hidrógeno y el aire del recinto recircula continuamente a través de un convertidor catalítico que descompone el H2O2 en agua y oxígeno. A medida que disminuye la concentración residual, el equipo verifica que se hayan alcanzado valores seguros para permitir el reingreso del personal.

Uno de los aspectos que más ha favorecido la difusión del VPH es su excelente compatibilidad con la mayoría de los materiales presentes en áreas limpias. Aceros inoxidables, aluminio anodizado, vidrio, policarbonato, EPDM, PTFE y numerosos componentes electrónicos toleran adecuadamente los ciclos cuando estos se encuentran correctamente desarrollados. Esto permite realizar la biodescontaminación con la mayor parte del equipamiento instalado, reduciendo tiempos muertos y evitando desmontajes innecesarios.

La frecuencia con que se realiza este procedimiento depende del análisis de riesgos de cada instalación. Algunas plantas programan biodescontaminaciones periódicas como parte de su estrategia de control microbiológico. En otras, los tratamientos se realizan luego de mantenimientos mayores, modificaciones edilicias, reemplazo de equipos, interrupciones prolongadas de producción, investigaciones de desvíos microbiológicos o antes de reiniciar operaciones asépticas.

Desde el punto de vista regulatorio, la biodescontaminación mediante VPH debe entenderse como un proceso validado. Esto implica demostrar documentalmente que el ciclo es capaz de alcanzar el nivel de reducción microbiológica requerido de manera consistente y reproducible. Para ello se utilizan indicadores químicos e indicadores biológicos distribuidos en las posiciones más críticas del recinto, complementados con estudios de distribución del vapor y registros continuos de los parámetros operativos.

Lejos de reemplazar los programas de limpieza, el VPH constituye una herramienta complementaria dentro de una estrategia integral de control de la contaminación. La combinación de procedimientos de limpieza validados, monitoreo ambiental, mantenimiento preventivo, capacitación del personal y biodescontaminaciones periódicas es la que permite sostener en el tiempo las condiciones microbiológicas requeridas por una instalación crítica.

En los últimos años, la evolución tecnológica de estos equipos ha permitido reducir significativamente la duración de los ciclos, mejorar la distribución del vapor y optimizar el consumo de peróxido de hidrógeno. Como resultado, la biodescontaminación ha dejado de ser un procedimiento reservado exclusivamente para la industria farmacéutica y hoy forma parte de las estrategias habituales de bioseguridad en hospitales, laboratorios de investigación, bancos de tejidos y numerosas aplicaciones de alta complejidad.

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